domingo, 12 de abril de 2015

El texto de Martín.Baró es espléndido; da un vistazo de bastante entendimiento al lector para comprender la aplicación o la concepción del poder desde el punto de vista de un científico social. Ya que comprendí muy bien la lectura, hay algo que me llama la intención sobre la lectura: Un afán, casi humilde, por parte del autor, a utilizar terminología muy light para explicarse. Aunque el texto no tiene la finalidad de ser un documento científico, sino abarca un punto de vista del autor, el tono de escritura (mucho menos alto de lo común) me hace cuestionar los trabajos realizados (científicos o no) que realizamos los politólogos para medios de comunicación, journals o cualquier otro ámbito de publicación. Me recuerda, por desgracia, que los politógos de hoy manejan sus discursos con una obsesión aberrante por elevar el léxico de sus documentos al mayor rango posible, convirtiéndolo en una contraseña de guerra entendible solamente por una clase élite de los profesionales.

Partiendo de esta observación, denoto que consentir tal obsesión solo ayuda a envolver sus descubrimientos u opiniones en una nebulosa sin sentido de coherencia alguno. Con esto, se daña por completo, a mi parecer, un principio clave de la investigación social que se basa en hacer el conocimiento lo más público posible. Esa adicción por adornar textos con "palabras de Domingo" dificulta el aprendizaje del estudiante bastante.

Con respecto a Focault, visualiza la perspectiva del poder desde un enfoque mucho más científico que el de Martín-Baró, y se adaptó muchísimo mejor a la realidad, al entablar sus conocimientos con ejemplos de la Iglesia Católica u otras instituciones. Sería bueno verlo con mayor profundidas.