domingo, 12 de abril de 2015

El texto de Martín.Baró es espléndido; da un vistazo de bastante entendimiento al lector para comprender la aplicación o la concepción del poder desde el punto de vista de un científico social. Ya que comprendí muy bien la lectura, hay algo que me llama la intención sobre la lectura: Un afán, casi humilde, por parte del autor, a utilizar terminología muy light para explicarse. Aunque el texto no tiene la finalidad de ser un documento científico, sino abarca un punto de vista del autor, el tono de escritura (mucho menos alto de lo común) me hace cuestionar los trabajos realizados (científicos o no) que realizamos los politólogos para medios de comunicación, journals o cualquier otro ámbito de publicación. Me recuerda, por desgracia, que los politógos de hoy manejan sus discursos con una obsesión aberrante por elevar el léxico de sus documentos al mayor rango posible, convirtiéndolo en una contraseña de guerra entendible solamente por una clase élite de los profesionales.

Partiendo de esta observación, denoto que consentir tal obsesión solo ayuda a envolver sus descubrimientos u opiniones en una nebulosa sin sentido de coherencia alguno. Con esto, se daña por completo, a mi parecer, un principio clave de la investigación social que se basa en hacer el conocimiento lo más público posible. Esa adicción por adornar textos con "palabras de Domingo" dificulta el aprendizaje del estudiante bastante.

Con respecto a Focault, visualiza la perspectiva del poder desde un enfoque mucho más científico que el de Martín-Baró, y se adaptó muchísimo mejor a la realidad, al entablar sus conocimientos con ejemplos de la Iglesia Católica u otras instituciones. Sería bueno verlo con mayor profundidas.

martes, 17 de marzo de 2015

Primeras lecturas - Gramsci, Maquiavelo, Ollman y Sartori

Existe un desacierto en todas las lecturas sobre lo que la verdadera definición de Ciencia Política es. La crítica más mencionada -y es además la razón del porqué no se le ha acuñado una definición única- radica en el hecho de no saber con certeza cuál es su campo de estudio y qué limites tiene en su investigación. Es como si mágicamente se haya podido aprobar una Ciencia enferma de un perpeto alzheimer que le prohíbe definir con sensatez su objeto de estudio.

Debo aclarar que, de todas las lecturas asignadas, me pareció que la de Sartori reflejaba con más potencia la necesidad de reubicar con gallardía de vuelta a la Ciencia Política a su verdadera razón de ser. No es solo el hecho de que el autor fuese un padre de la ciencia semipulida que hoy estudiamos -aunque debo decir que le suma puntaje- sino más bien porque creo que de, alguna manera, él en específico es el único de los autores que logra criticar la politología sin caer en los mismos esquemas vacíos que justo los otros autores estaba criticando.

En esta línea, Sartori logra ser bastante tenaz al explicar de una manera quizás demasiado elevada el camino torcido que ha tomado la Ciencia Política en las décadas posteriores a su formulación como ciencia propiamente. Critica con resonancia un mal camino profesional de la profesión, y señala aspectos que nadie había señalado entonces, como -puedo sacar a modo de contexto, pero no viene en su texto literal- la constante publicación de textos, hechos con politólogos, que, pese a ser creativos y llamativos al leerlos, carecen por completo de una funcionalidad argumentativa y real; como si aquello fuera un adorno y no un texto científico.

Se denota en el texto de Ollman, por ejemplo, una serie de argumentos políticos propios ya muy sazonada en su discurso, a tal punto que le fue imposible separar el tema en cuestión -la razón de ser de la Ciencia Política- de sus percepción personal; pierde totalmente la razón del artículo y lo recuerda faltando unos cuantos párrafos para terminarlo.

En cuanto respecta a Maquiavelo, su finalidad era unirla península en una sola nación bajo legislación estatal. En este sentido, una finalidad mucho más sentimental que propiamente política, omitió entonces una gran cantidad de aspectos sociales y económicos de la época, y trajo a su trabajo solamente aquellos que le permitían encontrar la definición del príncipe que él quería encontrar, como quien modifica las pruebas para que coincidan con la hipótesis. En este aspecto, pues, es muy certero (hasta cierto punto) Ollman parfraseando a Marx, cuando afirma que nos hemos encontrado una ciencia que ha obviado por completo al capitalismo y que puede tornarse inútil al omitir detalles determinantes para un juicio justo de la realidad política.