Existe un desacierto en todas las lecturas sobre lo que la verdadera definición de Ciencia Política es. La crítica más mencionada -y es además la razón del porqué no se le ha acuñado una definición única- radica en el hecho de no saber con certeza cuál es su campo de estudio y qué limites tiene en su investigación. Es como si mágicamente se haya podido aprobar una Ciencia enferma de un perpeto alzheimer que le prohíbe definir con sensatez su objeto de estudio.
Debo aclarar que, de todas las lecturas asignadas, me pareció que la de Sartori reflejaba con más potencia la necesidad de reubicar con gallardía de vuelta a la Ciencia Política a su verdadera razón de ser. No es solo el hecho de que el autor fuese un padre de la ciencia semipulida que hoy estudiamos -aunque debo decir que le suma puntaje- sino más bien porque creo que de, alguna manera, él en específico es el único de los autores que logra criticar la politología sin caer en los mismos esquemas vacíos que justo los otros autores estaba criticando.
En esta línea, Sartori logra ser bastante tenaz al explicar de una manera quizás demasiado elevada el camino torcido que ha tomado la Ciencia Política en las décadas posteriores a su formulación como ciencia propiamente. Critica con resonancia un mal camino profesional de la profesión, y señala aspectos que nadie había señalado entonces, como -puedo sacar a modo de contexto, pero no viene en su texto literal- la constante publicación de textos, hechos con politólogos, que, pese a ser creativos y llamativos al leerlos, carecen por completo de una funcionalidad argumentativa y real; como si aquello fuera un adorno y no un texto científico.
Se denota en el texto de Ollman, por ejemplo, una serie de argumentos políticos propios ya muy sazonada en su discurso, a tal punto que le fue imposible separar el tema en cuestión -la razón de ser de la Ciencia Política- de sus percepción personal; pierde totalmente la razón del artículo y lo recuerda faltando unos cuantos párrafos para terminarlo.
En cuanto respecta a Maquiavelo, su finalidad era unirla península en una sola nación bajo legislación estatal. En este sentido, una finalidad mucho más sentimental que propiamente política, omitió entonces una gran cantidad de aspectos sociales y económicos de la época, y trajo a su trabajo solamente aquellos que le permitían encontrar la definición del príncipe que él quería encontrar, como quien modifica las pruebas para que coincidan con la hipótesis. En este aspecto, pues, es muy certero (hasta cierto punto) Ollman parfraseando a Marx, cuando afirma que nos hemos encontrado una ciencia que ha obviado por completo al capitalismo y que puede tornarse inútil al omitir detalles determinantes para un juicio justo de la realidad política.
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